Anteojo astronómico
Anónimo
Un instrumento milenario
Parece probable que la fabricación del primer anteojo para observar el cielo fuera totalmente fortuita.
Se suele atribuir la invención del telescopio al holandés Hans Lippershey, de Middelburg, y la fecha suele ser 1608. Ésta es una afirmación controvertida, porque Lippershey, después de fabricar y vender varios anteojos astronómicos al gobierno de los Países Bajos, quiso proteger su negocio mediante una patente o privilegio de fabricación de treinta años, petición que le fue denegada, pues el gobierno holandés, al que sólo le interesaban los anteojos por razones militares, le contestó que muchos otros conocían esa invención.
El primer telescopio
Según otros historiadores, este invento se debe a Galileo, que fue el primero que, en 1609, dirigió un anteojo astronómico hacia el cielo para observar las estrellas. Pero se ha comprobado que ya en su época se vendía normalmente en París, en Londres y en numerosas ciudades de Italia y de Alemania. Lo único que hizo Galileo fue perfeccionar el anteojo corriente basándose en principios ópticos muy rudimentarios. El primer «telescopio» que construyó, en un solo día, consistía en una lente convexa y otra cóncava fijas a los extremos de un tubo de plomo de diámetro reducido, con el que obtuvo un aumento de tres diámetros. Después perfeccionaría su propia adaptación hasta
construir un instrumento de 4,4 cm de focal, que le permitió obtener un aumento de 33 diámetros. Pudo entonces observar la luna, los satélites, Júpiter y las fases de Venus y descubrir que la Vía Láctea estaba constituida por estrellas.
En realidad, parece que el anteojo astronómico no fue un invento, sino un descubrimiento, muy probablemente fortuito. ¿Cuándo se llevó a cabo dicho descubrimiento? Quizá en Egipto, ya que los egipcios fabricaron vidrio 3.500 años antes de nuestra era, que además pulían. Pero también se han hallado lentes de vidrio del año 2000 antes de nuestra era en Creta y en Asia Menor. ¿Para qué servían? Es muy probable que al principio se utilizaran como lupas (Nerón, que era corto de vista, llevaba a todas partes un monóculo de cristal pulido). Los conocimientos de óptica de la época eran demasiado rudimentarios como para imaginar que se podían colocar lentes cóncavas y convexas en un eje para obtener un determinado aumento. El primer anteojo fue seguramente construido por la superposición accidental de dos lupas. Por tanto, hubo anteojos mucho antes de Lippershey.
Si la construcción del anteojo hubiera estado presidida por verdaderos conocimientos ópticos, se hubiera podido perfeccionar mucho antes de Galileo.
La prueba
Los anteojos astronómicos existían antes de Lippershey y Galileo. La prueba es que, en el siglo XIII, Roger Bacon escribió que con lentes se podían leer las letras más pequeñas a una distancia increíble y hacer que el sol, la luna y las estrellas parecieran más grandes que a simple vista.
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