Azúcar de remolacha
Marggraf, 1747
Un producto del bloqueo inglés
La idea de extraer azúcar de la remolacha fue considerada al principio una extravagancia.
Desde el siglo VIII, el azúcar para consumo humano se extraía, en Europa y en Oriente, de la caña de azúcar, que se cultivaba sobre todo en el sur de Francia y en España. Colón la introdujo en el Nuevo Mundo en 1493, y el éxito de su cultivo en Santo Domingo incitó a los colonos a crear plantaciones en el Caribe (lo que fomentó la esclavitud). Por aquel entonces no se conocían otras fuentes vegetales de azúcar.
En 1747, el boticario alemán Andreas Marggraf, que conocía la remolacha como laxante, se preguntó si no sería posible extraer azúcar de ella, idea algo descabellada, ya que había escasez de azúcar en Alemania. Trituró remolachas, muy probablemente de la variedad conocida como de Silesia o de Magdeburgo, y obtuvo un jugo que filtró y luego evaporó mediante calor; el residuo cristalino tenía un gusto comparable al del azúcar de caña.
Nadie se interesó por su descubrimiento, salvo uno de sus alumnos, un alemán de origen francés, Franz Karl Achard, que plantó remolachas en sus tierras con el fin de determinar la variedad que proporcionaba mayor rendimiento. Consiguió que Federico Guillermo III, rey de Prusia, se interesara por sus investigaciones y que creara, en 1802, en Cunern (Silesia) la primera refinería piloto de azúcar de remolacha. En 1810, la «extravagancia»
del boticario Marggraf (que había adquirido cierta celebridad por empeñarse en la defensa de la teoría del flogisto) se había convertido en una realidad industrial. El inventor ya no estaba en este mundo, pues había muerto en 1782.
Un destino mundial
En 1811, el bloqueo inglés privó a Francia de su suministro de azúcar de caña de las Antillas, y la producción del sur del país resultaba insuficiente. Ese año, el financiero Delessert instaló una pequeña refinería en Passy y obtuvo azúcar totalmente cristalizada y comercializable, lo que le valió el título de barón y la Legión de Honor. Napoleón ordenó construir de modo inmediato cuarenta refinerías de azúcar de remolacha en toda Francia.
La reapertura del tráfico marítimo con las Antillas hizo que durante un tiempo decayera la industria azucarera de la remolacha, pero sus ventajas económicas eran tan patentes que no podían despreciarse, y todo Occidente adoptó el azúcar de remolacha junto con el de caña.
En 1838, los americanos Church y Child fundaron la primera refinería de azúcar de remolacha en Estados Unidos.
La pulpa y la melaza de remolacha, después de ser tratadas, se siguen empleando para la alimentación animal. La melaza sirve asimismo para producir, por fermentación, ácido cítrico.
<<< Volver al índice de Grandes descubrimientos de la ciencia