Bario
Sebéele, 1774; Davy, 1808
Una avalancha de descubrimientos
Bario, potasio, sodio, estroncio, calcio, magnesio: en treinta años, dos químicos descubrieron esta serie de cuerpos simples.
En 1774, el químico sueco Cari Wilhelm Scheele, el descubridor del tungsteno y del oxígeno, halló que un mineral llamado pirolusita contenía una base desconocida, que denominó barita —del griego barys, «pesado»—, debido a lo elevado de su peso; este mineral era en realidad óxido de bario. Scheele envió a su colega Johan Gottlieb Gahn, descubridor del manganeso, muestras de cristales de sulfato de este elemento que él mismo había fabricado. Poco después, Gahn descubrió que una piedra muy pesada y fosforescente, que entonces se denominaba piedra de Bolonia, también estaba compuesta por sulfato de bario. Pero ninguno de los dos investigadores identificó el cuerpo simple en estos elementos compuestos.
El aislamiento del bario
Acababa de obtenerse la pila eléctrica cuando, en 1808, el químico inglés Humphry Davy, de sólo veinte años de edad, pero ya jefe de laboratorio de la Pneumatic Institution de Bristol, especializada en el estudio de los gases, decidió emplearla para la electrólisis, inspirándose para ello en los trabajos de los suecos Hisinger y Berzelius, que habían demostrado que la corriente de la pila descomponía las soluciones salinas, y en los trabajos de Berzelius y Pontin, que habían demostrado que, al usar mercurio como cátodo, se podían recoger los productos de la descomposición. De este modo, Davy fue el primero en aislar bario en aleación con hierro. Contrariamente a lo que su nombre hace suponer, el bario es relativamente ligero.
Davy aisló después el estroncio de la estronciana, el potasio de la potasa en placas, el sodio, el calcio y el magnesio, alargando de este modo la lista de los cuerpos simples. Al aplicar su método a otros tipos de tierra —alúmina, glucina, sílice—, no obtuvo resultados concretos, pero creía, con toda razón, que contenían metales. Otros los hallarían: el aluminio, Sainte-Claire Deville en 1854; Wohler y Bussy, el glucinio (su nombre actual es berilio); en cuanto al silicio, un metaloide que compone la sílice, lo aisló Berzelius en 1823, y es posible que Davy no estableciera una diferencia precisa entre sílice y silicatos, que contienen silicio combinado con litio, sodio, potasio, magnesio, calcio, estroncio, bario, manganeso, hierro y aluminio. Sea como fuere, Davy contribuyó a que la química avanzara a pasos agigantados. Entre 1808 y 1810, él mismo, al igual que Gay-Lussac y Thénard, dispusieron de los elementos que iban a permitirles avanzar aún más deprisa en sus investigaciones.
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