Benceno
Faraday, 1825
En primer lugar, una curiosidad
Durante mucho tiempo, el más simple de todos los hidrocarburos aromáticos sólo fue una curiosidad química.
En 1825, Michael Faraday, un aprendiz de genio de 34 años de edad, cuyos intereses científicos abarcan tanto la física como la química, lleva a cabo experimentos de destilación. Entre los productos con los que trabaja se halla el aceite de ballena, del que extrae un gas. Por curiosidad, le prende fuego: el gas arde.
El benzol
Durante muchos años, no se apreció el interés de lo que Faraday denominó «bicarburato de hidrógeno». En 1883, el alemán Eilhardt Mitscherlich redescubrió el mismo gas al calentar ácido benzoico sobre cal, y le dio el nombre de bencina, que más tarde se reservará para la forma rectificada del benzol. En 1846, el alemán Hoffmann y, en 1948, el inglés Mansfield aislan el mismo producto en grandes cantidades, por destilación del alquitrán de hulla; en 1866, el francés Marce-llin Berthelot fue el primero en llevar a cabo la síntesis del benceno —que entonces se denominó ben-zolo— a partir del acetileno. Durante mucho tiempo, el benceno sólo se extrajo de la hulla, pero la extensión de la explotación del petróleo le otorgó una segunda juventud, por así decirlo.
Líquido incoloro, volátil, de olor característico, el benceno experimentó desde comienzos del siglo xx una extraordinaria expansión en la química industrial, debido a sus propiedades como disolvente. Disuelve el caucho, las grasas, las ceras y, aunque poco soluble en el agua, lo es en el alcohol, el éter y la acetona. El benceno, carburo de cadena cerrada, pero cuerpo no saturado, presenta características particulares, en el sentido de que las reacciones de adición se hacen por sustitución. Así, el benceno, de fórmula C6 H6, da, si se le añade un halógeno, C6 H5 Cll, y, de sustitución en sustitución, se puede llegar al hexaclorobenceno, C6 Cl6.
Faraday, al obtener su «bicarburato de hidrógeno», probablemente no sospechaba que este cuerpo constituiría un enigma durante mucho tiempo para los químicos. Para explicar sus propiedades, el químico alemán August Kekule propuso en 1865 la fórmula hexagonal, con un átomo de carbono en cada ángulo y un átomo de hidrógeno con doble enlace alternante, lo que supone una oscilación de enlaces dobles que asegura la simetría necesaria para explicar el número de isómeros conocidos. Pero hasta 1931, Linus Pauling no estableció, recurriendo a la mecánica cuántica, que la molécula de este cuerpo, el más simple de los hidrocarburos aromáticos, tenía una estructura híbrida; de hecho, la distancia normal de un átomo de carbono a otro, en una estructura doble normal, es de 134 Á, y la de un enlace simple, de 1'50 Á, en tanto que los átomos de carbono distan 139 Á, distancia intermedia y excepcional, que se ha comprobado mediante el análisis con rayos X.
Una carrera excepcional
Nacido en 1791, Michael Faraday fue, al principio, recadero de una librería y después aprendiz de encuadernador, oficios que le despertaron el gusto por los libros, sobre todo por las obras científicas. Siguió cursos nocturnos y acudió a conferencias, como las que dio el célebre Davy, del que se convirtió en ayudante en 1816.
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