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Celacanto

Anónimo, 1938

300 millones de años y aún sigue ahí
No es habitual encontrar un fósil viviente. El descubrimiento de este pez prehistórico fue valioso para la paleontología.


En 1938, unos pescadores capturaron en sus redes, en el canal de Mozambique, un pez de casi 2 m de largo. De color gris azulado y provisto de fuertes aletas peduncula-das, no se parecía a ningún otro pez conocido. Por casualidad, lo conservaron intacto y cuando llegó al laboratorio del ictiólogo sudafricano J. L. B. Srnith, quedaba lo bastante de él como para que este investigador pudiera identificarlo; se trataba de un celacanto, un pez supuestamente desaparecido hacía ochenta millones de años. Smith lo denominó Latimeria chalumnae, el primer nombre en honor de su secretaria, Miss Courtenay Latimer, que había llamado su atención sobre el animal, y el segundo porque el pez se había pescado cerca de la desembocadura del río Chalumna. El descubrimiento tuvo una gran repercusión; en primer lugar, debido a su carácter excepcional y, después, por razones científicas. Un animal estrechamente emparentado con éste, el Malania anjouanae, encontrado en 1952 cerca de An-jouan (en las Comores, en el océano índico), causó una emoción similar. Perteneciente a la familia de los celacántidos, del género de los actinistios y de la subclase de los crosopterigios, peces óseos aparecidos en el devónico, hace unos 350 millones de años, en las aguas dulces del Spitzberg, el celacanto ha permitido comprobar cierto número de hipótesis. En primer lugar, ha confirmado que la evolución no tiene lugar únicamente en un sentido progresivo aparente, sino también regresivo; así el esqueleto del celacanto, por ser muy cartilaginoso, es regresivo con respecto al de los celacántidos de la era secundaria; además, el cerebro es claramente inferior a la capacidad de la cavidad craneana, lo que asimismo sugiere una regresión. Otro aspecto: la evolución no es ineludible; en unos ochenta millones de años el celacanto no ha variado.


Una paradoja viviente
Paralelamente a los indicadores de regresión, el celacanto conserva rasgos evolutivos característicos, como los pedúnculos de las aletas, que convierten a este tetrápodo, como a todos los crosopterigios, en el antepasado de los vertebrados; sus aletas denotan la capacidad de moverse tanto en la tierra como en el agua, pues son a la vez aletas en el sentido tradicional del término y embriones de miembros locomotores. Una singularidad del celacanto de particular importancia es la degeneración del sistema pulmonar. En tanto que los ripidistios, otra familia de los crosopterigios emparentada con los celacántidos, poseían un doble sistema respiratorio —el branquial y el pulmonar— que les permitía respirar tanto en el aire como en el agua, los celacántidos lo perdieron. Pero los ripidistios han desaparecido y el celacanto ha sobrevivido.

celacanto

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