Cortisona
Kendall, 1935
Una potente terapéutica
A esta hormona segregada por la corteza de las glándulas suprarrenales, enormemente valiosa en numerosos tratamientos, no se le prestó atención durante mucho tiempo.
Desde 1855, la medicina conocía la nosología de la enfermedad de Addison, así llamada en honor del médico que la describió por vez primera. Se trata de una grave enfermedad, provocada por la destrucción bilateral de las glándulas suprarrenales (generalmente suele aparecer después de lesiones tuberculosas), que produce sobre todo una pérdida de agua y sal, hipotensión, fatiga, un déficit hormonal de múltiples consecuencias y adelgazamiento. Un síntoma característico es que la piel adquiere un tono tostado; de ahí el nombre de «enfermedad bronceada» con que a veces se la conoce.
Los precursores
En 1856, el francés BrownSéquard estableció que las glándulas suprarrenales eran indispensables para la vida. En 1910, el alemán Biedl estableció que también lo era la corteza de dichas glándulas. En 1927 (Rogoff y Stewart) se verificó la hipótesis con animales; después de quitar a un animal las glándulas suprarrenales se le administraron extractos de éstas. Estos extractos, cristalizados, son muy activos, pero aunque se sabía que eran de naturaleza esteroide, es decir, hormonas de estructura derivada de los esteróles, no se conocían bien. Además, las sustancias aisladas eran complejas y se ignoraba el papel específico de cada elemento constituyente.
En 1935, el americano Edward Calvin Kendall y sus colaboradores, en el curso de sus investigaciones sobre este tema en la famosa Mayo Clinic de Rochester (Estados Unidos), aislan, a partir de las glándulas suprarrenales del buey, una sustancia desconocida que Kendall denomina «compuesto E», de fórmula determinada. Dos años más tarde aisla otra sustancia específica: el «compuesto F». Se siguen ignorando sus propiedades intrínsecas, al igual que se desconocen las de otras sustancias de la corteza de las glándulas suprarrenales que se han descubierto en esos años: la dehidrocorticosterona, que Kendall, con Masón y Edward, aisla en 19351936; la corticosterona, que también aisla Kendall, con Masón y Reichstein; la adrenosterona, que Reischstein aisla en 1937 y la desoxicorticosterona, que Reichstein, von Euw y Steiger aislan y parcialmente sintetizan en 1937.
El objetivo nominal sólo es el tratamiento de la enfermedad de Addison, pero se adivinan otras aplicaciones, y la investigación es muy activa. Sin saber exactamente para qué va a servir, pero con la intuición, basada en numerosos experimentos, de que «va a servir para algo», los investigadores se dedican fundamentalmente a sintetizar estas sustancias, mientras se multiplican los descubrimientos de sustancias corticosuprarrenales. En 1945, Reichstein consigue sintetizar la corticosterona, que se había descubierto hacía unos años. En 1946, Sarret y, en 1947, Kendall consiguen sintetizar el «compuesto E», que desde entonces se denomina cortisona y cuya fórmula se resume en el nombre científico: 11 hidroxi 17 corticosterona, en tanto que al «compuesto F» se le da el nombre de hidrocortisona.
En esa época, nadie duda del alcance real de estos descubrimientos, pues los investigadores están buscando una sustancia corticosuprarrenal aún más necesaria que las otras para el mantenimiento de la vida: la aldosterona, que no se hallará hasta 1952. La síntesis de esta hormona, cincuenta veces más activa que la desoxicorticosterona, se logrará tres años después.
Mientras tanto, estalla como un trueno el «asunto de la cortisona». El 13 de abril de 1949, Kendall, Hench, Polley y Slocumb informan, en el Congreso Internacional de Enfermedades Reumáticas, de las observaciones realizadas sobre 16 enfermos aquejados de poliartritis crónica evolutiva, a los que se les había inyectado 100 mg diarios de cortisona durante varios días: ¡los síntomas de la enfermedad habían desaparecido! La emoción alcanzó al gran público, tanto más cuanto que idénticos resultados podían obtenerse con inyecciones de otra hormona, hipofisaria en este caso: la adrenocorticotrofina o ACTH. Se creyó entonces que se habían vencido tanto la enfermedad de Addison como las enfermedades reumáticas.
La intuición de Hench
La observación y el azar se habían aunado en este redescubrimiento terapéutico de la cortisona. Hench había observado que, en el curso del embarazo o después de una ictericia, la poliartritis parecía curada. Se dijo que sin duda eso indicaba la acción de una hormona que actuaba en ambos sexos y que estaba relacionada con los ácidos biliares. Ahora bien, Sarrett había sintetizado la cortisona justamente a
partir del ácido desoquicólico. Kendall aconsejó a Hench que administrara cortisona a sus enfermos, con los resultados que conocemos. De este modo, Kendall, en cierto sentido, descubrió dos veces la cortisona
Los peligros de la cortisona
Pero la experiencia iba a poner de manifiesto importantes efectos secundarios de esta hormona; almacenamiento de lípidos, retención del agua, pérdida de potasio, disminución de los glóbulos blancos (limfopenia) y disminución de la resistencia a las infecciones. La acción de la cortisona sobre las glándulas suprarrenales no es despreciable, puesto que puede conllevar hipercorticismo o una reducción anormal de la secreción cortical. En la corticoterapia hay asimismo que tener en cuenta los riesgos de lesiones digestivas perforantes, de accidentes tromboembólicos, de choques y de problemas psíquicos. Desde los años sesenta se estableció que la corticoterapia se debía reservar para las afecciones graves.
Las hormonas corticosuprarrenales
La cortisona pertenece a uno de los tres grupos de hormonas corticosuprarrenales que se definen por su estructura química. El grupo al que pertenece es el de los 11 oxicorticosteriodes; el segundo grupo es el de los 17 cetosteroides, hormonas de acción sexual secretadas en el hombre por los testículos (pero que contienen, incluso en el hombre, una pequeña proporción de estrógenos); el tercer grupo lo constituye una sola hormona, la aldosterona.
Las hormonas corticosuprarrenales regulan el metabolismo mineral, el metabolismo de las grasas, el metabolismo del nitrógeno y el glucídico.
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