Primer factor: el estado de la ciencia
Un análisis más detallado de estas consecuencias indica que los descubrimientos dependen de dos factores socioculturales; el primero de ellos es el avance del saber, tal como se codifica en las diferentes ciencias. Así, nadie considera a los chinos los descubridores de los antibióticos, a pesar de que descubrieron las virtudes bactericidas de ciertos mohos varios siglos antes del descubrimiento de la penicilina.
En su época, en efecto, se ignoraba lo que eran los gérmenes, al igual que la capacidad de determinados microorganismos de disgregarlos. Ni siquiera a Vuillemin, creador de la palabra antibiote, que acuñó tras el descubrimiento de que ciertas bacterias atacaban a otras, se le considera el descubridor de los antibióticos. Sólo cabe hablar de éste cuando se publican los trabajos de Pasteur sobre las interacciones bacterianas, sobre todo, sobre las bacterias que atacan al estafilococo dorado del Ántrax, el mismo —¡qué coincidencia!— del que Fleming se disponía a hacer un cultivo cuando se depositó el penicilium.
Asimismo, en el siglo m de nuestra era, un físico genial, Herón de Alejandría, descubrió la energía del vapor y llegó a construir un aparato —el eolípilo— que funcionaba por vapor, un «chisme» que en realidad no servía para nada, pero su descubrimiento permaneció dormido durante siglos, porque la termodinámica y la física de los fluidos no habían nacido aún.
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