Endorfinas
Guillemin, 1975; Hughes, 1975
Un regulador del comportamiento
Estas moléculas polipeptídicas son, en realidad, drogas que segrega el cerebro.
Desde los años sesenta, numerosas disciplinas de la medicina —anestesiología, neurología, fisiología— se han interesado por el comportamiento del sistema nervioso en presencia de drogas. Entonces, en efecto, se desconocía el modo que en que las drogas y los anestésicos actuaban sobre el cerebro, y se aceptaba la hipótesis de que había en éste receptores específicos que captaban los compuestos morfíni-cos.
La verificación de la existencia de dichos receptores es un asunto complejo; en primer lugar, porque hay que establecer que las sustancias morfínicas se fijan en zonas específicas del cerebro; en segundo lugar, lo que aún es más difícil, porque hay que establecer que la relación química entre la molécula morfínica y el receptor es una unión estrecha y específica; en otras palabras, que el receptor se halla perfectamente adaptado a la molécula. Después de muchas investigaciones, el sueco Terenius, en Upsala, y los americanos Pert y Snyder, por un lado, y Simón, por otro, llevan a cabo el descubrimiento de los receptores cerebrales. Se descubre asimismo que los receptores morfínicos no se hallan -en cualquier parte del cerebro, sino en el sistema límbico, denominado asimismo «cerebro emocional»; es decir, que las emociones podrían desempeñar un papel en la fijación que los receptores llevan a
cabo con las moléculas morfínicas.
Una sustancia natural
Se trata de un descubrimiento sorprendente, que, lógicamente, va a llevar a otro. Teniendo en cuenta que se encuentran receptores morfínicos en el cerebro de animales que no están en contacto con la droga —ratas, cerdos, monos, bueyes—, se plantea el problema de para qué les sirven dichos receptores. En 1975, el americano Hughes y el francés Guillemin descubren la existencia de este tipo de sustancias en el cerebro del cerdo. Hay varias, que se describen como imitadoras de la morfina, por tanto, morfomiméticas, y que al principio se denominan encefalinas y, después, endorfinas. Aún no se sabe si se trata de sustancias neuro-químicas «en su totalidad», es decir, producidas tal cual por el sistema nervioso, o bien si son producto de la degradación de neurotrans-misores. Su papel se adivina de modo muy imperfecto.
Numerosos trabajos llevados a cabo desde entonces indican que las endorfinas desempeñan un papel en la regulación del dolor y en numerosos aspectos de la conducta y de la fisiología. Son más abundantes en la primera fase de la tensión emocional; favorecen o, en caso de desequilibrio, inhiben los procesos de aprendizaje, tienen influencia sobre el tono muscular e influyen en la obesidad.
Alcohol
Una teoría en boga, que no se ha comprobado, es que la secreción de endorfinas que se produce en el estrés incita al consumo de alcohol y de drogas.
Jogging
Como los aficionados al jogging afirman que, sobrepasado el umbral de la fatiga dolorosa, sienten una especie de embriaguez que les permite prolongar el esfuerzo, a los neurofisiólogos se les ha ocurrido la idea de dosificar los productos de la degradación de las endorfinas en estos deportistas y han encontrado tasas anormalmente elevadas, que indican que el esfuerzo físico produce una secreción más abundante de endorfinas, lo cual es asimismo un signo precursor de lesión cardiaca.
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