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Estructura del ADN

CrickyWatson, 1953, 1961

La escalera de la vida
El conocimiento de la estructura del ácido desoxirríbonucleico ha sido esencial para el desarrollo de la biología molecular.

En 1868, el alemán Miescher tomó una muestra de células de pus, aisló su núcleo y, de éste, aisló una sustancia que denominó nucleína y que no era sino lo que más tarde se denominaría ácido nucleico. En 1874, Miescher aisla realmente el ácido nucleico. De 1882 a 1897, Kos-sel se dedica a analizarlo y descubre que se halla constituido por ácido fosfórico, una base nitrogenada y un azúcar, estructurados en unas unidades elementales que son los nucleósidos. Un nucleósido siempre está formado por una base nitrogenada, púrica o pirimídica, y un azúcar, la ribosa o la desoxirri-bosa. La labor de estos precursores sólo la conocen los especialistas, a pesar de que abre un capítulo fundamental en la genética. Desde 1920, se sabe que cuando el azúcar del nucleósido (esterificado en nu-cleótido) es una ribosa, se trata del ácido ribonucleico o ARN, y cuando es una desoxirribosa, del ácido desoxirribonucleico o ADN.

Los comienzos de la citología
Más aún, desde 1924, sabemos que el ADN sólo existe en el interior del núcleo de la célula y que constituye la cromatina genética (recibe esta denominación porque es muy sensible a los colorantes básicos) o eu-cromatina, que se encuentra en los genes de los cromosomas. Se suele ignorar que, en la misma época, ya hay conocimiento de que el ADN es el soporte de la transmisión genética y el elemento que mantiene la vida de las células y de todo el
organismo. No hay vida sin ADN. En cuando al ARN, se sabe desde 1940 que se halla presente tanto en el núcleo como en el citoplasma que lo rodea. Pero aún se desconocen las funciones específicas de estos ácidos. Por último, se sabe que enzimas específicas (ver p. 83) atacan ambos ácidos: la ribonucleasa ataca el ARN y la desoxirribonu-cleasa, el ADN. Ha comenzado la citología.

Una emoción científica
Los primeros biólogos cometieron, no obstante, algunos errores. Por ejemplo, postularon durante mucho tiempo que el ADN y el ARN se hallaban en cierto modo encerrados en las células. Pero en 1944, los americanos Avery, McLeod y MacCarthy descubren con estupor que el ADN de bacterias muertas puede modificar el material genético de bacterias vivas (ver p. 216). Esta transmisión de información genética de un organismo a otro, al margen del proceso de la fecundación, produce cierta emoción en la comunidad de los biólogos. Es curioso que sean dos famosos físicos, los alemanes Erwin Shródinger y Max Delbrück quienes, en los años cuarenta, den un impulso definitivo al conocimiento del ADN. En un libro titulado simplemente: ¿Qué es la vida?, Schródinger sugiere que existen mecanismos biológicos que siguen siendo incomprensibles, pero asigna al gen un puesto preponderante en estos mecanismos que aún se están por descubrir.

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