Función de los Cromosomas
Morgan, 1909
De la herencia a la genética
Hasta comienzos del siglo XIX la relación entre los cromosomas y la herencia fue confusa; casi de repente, se hizo precisa.
A finales del siglo xix y comienzos del xx, la situación en el campo de la genética es confusa. Los biólogos sospechan que la herencia tiene un soporte material —probablemente los cromosomas, descubiertos en 1888—, pero los conceptos en materia de herencia son fragmentarios.
Las leyes de Mendel
El trabajo decisivo de Mendel, que data de 1865, es a la sazón totalmente desconocido y así permanece hasta 1907. Algunos sabios, sin embargo, lo conocen antes, y la biología de la herencia —hasta 1906, Bateson no acuñará la palabra «genética»— comienza a estructurarse en 1900, gracias a tres botánicos: el holandés De Vries, el alemán Correns y el austríaco von Tschermak, quienes, trabajando de forma totalmente independiente, descubren —o mejor dicho, redescubren— las leyes mendelianas de la hibridación vegetal. Casi al mismo tiempo, el inglés Bateson y el francés Cuénot aplican dichas leyes a la biología animal. En pocas palabras, es evidente que la herencia obedece a los mecanismos definidos en el texto de Mendel.
En 1891, el americano Henking, al estudiar el esperma de los dípteros, observa la presencia de un cromosoma particular que no se halla en la mitad de las células germinales de los espermatozoides o espermátidas; lo denomina X. Se vuelve a encontrar en numerosos insectos,
y entre 1901 y 1908, Mac Clung, Wilson, Stevens y Morrill lo relacionan con la determinación del sexo, según se halle presente o ausente.
En 1909, el americano T. H. Morgan trata de determinar el papel de los cromosomas, provocando mutaciones artificiales en la mosca drosófila, sin resultado. Pero observa mutaciones espontáneas y las utiliza en lugar de otras en los cruces. Y descubre la herencia ligada al sexo, o mejor dicho, al cromosoma sexual X, estableciendo un concepto fundamental en genética: la herencia pasa por los cromosomas y en parte por los cromosomas sexuales. En 1923, varios investigadores completarán el descubrimiento de Morgan: la hembra de un mamífero tiene dos cromosomas X y se la denomina homogamética; el macho tiene un cromosoma X y un cromosoma Y y se le denomina heterogamético. De 1930 a 1950, innumerables experimentos de cruce de numerosas especies animales y vegetales perfeccionan las leyes de Mendel y el descubrimiento de Morgan. Se establecen mapas o fragmentos de mapas genéticos. Pero, sobre todo, se verifica que la determinación del sexo se encuentra en todas las células del individuo, es decir, que los cromosomas no son únicamente portadores de caracteres sexuales, sino de muchos otros que pertenecen en parte al progenitor y en parte a la progenitora.
Los precursores
Ya en el siglo XVIII, Maupertuis presintió la función de los cromosomas; posteriormente lo harían Buffon y Diderot, que suponían que la herencia se transmitía por «moléculas seminales». En 1868, Darwin lanzó la idea de que cada célula podía producir un germen capaz de crear una célula idéntica, idea que numerosos autores retomarían, entre ellos Haeckel y Béchamp en 18751876. Fueron Nágeli en 1884 y DeVriesen 1889 quienes más se aproximaron a la realidad de los hechos que Morgan descubrió, a! suponer que la herencia la transmitían sustancias especiales.
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