Galvanoterapia
Galvani, 1786
Una medicina efímera
La acción de la corriente continua en el organismo sólo se tomó en serio un siglo después de su descubrimiento.
Los términos «galvanoterapia» y «galvanismo» ya casi no se emplean, pero su principio y sus aplicaciones continúan desarrollándose.
En 1786, el médico y anatomista Luigi Galvani, de Bolonia, descubrió que las chispas producidas por uno de los aparatos eléctricos de su laboratorio provocaban contracciones musculares en una rana disecada.
Otros experimentos, como el que consistía en conectar un nervio con un músculo mediante un hilo eléctrico, le convencieron de la existencia de una corriente eléctrica en los tejidos. La primera aplicación de este célebre descubrimiento fue el tratamiento de una parálisis facial con corriente continua, llevada a cabo por el francés Hallé en 1795.
Médicos como Magendie y sabios como Faraday profundizaron en este descubrimiento, prefigurando el diagnóstico eléctrico por electrocardiograma y electroencefalograma. La electroterapia, derivada de la galvanoterapia, tiene aplicaciones comprobadas, como el estimulador cardiaco (marcapasos) o el tratamiento de fracturas óseas.
La arsonvalización
En los primeros decenios del siglo XX, el francés d'Arsonval y sus discípulos intentaron tratar numerosas enfermedades con la aplicación de electricidad o arsonvalización. Los resultados no fueron convincentes y dicha terapéutica desapareció con la guerra de 1939-1945.
<<< Volver al índice de Grandes descubrimientos de la ciencia