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Heparina

McLean, 1916; Howell y Hoit, 1918

El primer anti infarto
Esta sustancia anticoagulante natural permite tratar eficazmente las embolias.

A comienzos de siglo, la embolia venosa o coronaría, es decir, la formación de un coágulo de sangre que obstruye una vía sanguínea, era un accidente contra el que no había ningún remedio terapéutico. En este aspecto, la medicina no había evolucionado desde la época en que Fagon, médico de Luis XIV, aconsejaba medicamentos de boticario para «fluidificar» la sangre y la aplicación de sanguijuelas. Su empleo tiene una base médica, pues, al chupar la sangre, estos animales inyectan en ella una sustancia ligeramente venenosa y anticoagulante, la hirudina.
En 1916, el americano J. McLean, cuando estudiaba las células del hígado, constató que segregaban una sustancia que no identificó, pero de la que descubrió que ejercía un efecto contrario al de la coagulación. Dos años después William Henry Howell y Luther Ernmett Holt retomaron este trabajo y lo ampliaron. Al observar que la sangre que proviene del hígado era muy rica en dicha sustancia, la llamaron heparina. Posteriores investigaciones demostrarían que, aunque el hígado es muy rico en heparina, un azúcar complejo, esta sustancia la segregan todas las células basófilas, sobre todo las que se encuentran en el intestino y los pulmones.
La introducción de la heparina, extraída de los pulmones o del hígado del buey, en la terapéutica fue lenta, porque era un tema delicado. Así, en los tratamientos posoperatorios, un exceso de heparina podía disminuir la velocidad del proceso de cicatrización e incluso favorecer las hemorragias. Sólo en los años cuarenta se aisló en una forma pura y se aplicó regularmente a las afecciones circulatorias, por ejemplo, en forma de heparina de calcio, que se administra en inyecciones subcutáneas o, mejor aún, intravenosas, ya que parte de la heparina es destruida por el tubo digestivo y otra parte es rápidamente eliminada por el sistema urinario. Merece la pena, por tanto, administrarla en perfusiones. La heparina se administra bajo vigilancia constante y después de una serie de pruebas.


Efectos múltiples
La heparina impide la transformación de la protrombina en trombina, así como la acción de la trombina sobre el fibrinógeno y la acción de las plaquetas.
Ha originado una nueva terapéutica no sólo del infarto de miocardio, del infarto pulmonar, de la flebitis y, en general, de las embolias, sino también de numerosos estados inflamatorios, ascitis, pleuresías y reumatismos exudativos; por último, su acción sobre las grasas de la sangre es tan poderosa como sus propiedades anticoagulantes, por lo que se emplea en los casos de exceso de colesterol.

La dicumarina
la heparina es uno de los seis factores anticoagulantes de la sangre. Desde 1941, el descubrimiento de la antivitamina K o dicumarina enriqueció la terapéutica de las enfermedades por embolia que inició la heparina.

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