Holografía
Gabor, 1947; Leith y Upatnieks, 1963
Del laboratorio al museo
La posibilidad de reconstruir una imagen en tres dimensiones fue una consecuencia fortuita de la microscopía electrónica.
En 1947, la microscopía electrónica parece haber llegado al máximo de sus posibilidades. En efecto, el microscopio electrónico ha centuplicado la potencia de los mejores microscopios ópticos (hasta 100.000 aumentos), pero es incapaz de penetrar en la estructura atómica.
A diferencia del microscopio óptico, cuyas lentes convergentes aumentan la imagen resultante de la reflexión de los rayos luminosos sobre un objeto, el microscopio electrónico capta la imagen reflejada producida por un haz de electrones sobre el objeto. La superioridad de los electrones en la definición de la imagen consiste en que se difractan mucho menos que los rayos luminosos.
La imagen estereoscópica
Para obtener fotos electrónicas de estructuras atómicas, se necesitaba un objetivo electrónico de dos angstróms, en tanto que el límite teórico era el doble y el límite práctico se situaba en 12 angstroms. Este límite se explicaba por la necesidad de reducir la abertura del objetivo a unas milésimas de radián, ángulo en el que el error de aberración esférica es igual al error de difracción y, en consecuencia, despreciable, en tanto que una abertura doble reduciría a la mitad el error de difracción, pero multiplicaría por ocho el de aberración.
El sabio Dermis Gabor, al reflexionar sobre este problema, halló
un truco: si se proyecta sobre un objeto un haz luminoso coherente y, con otro foco, se proyecta un haz de electrones, el conflicto entre ambos tipos de ondas crea una imagen de ondas concéntricas que se produce antes de la difracción de la onda luminosa, asegurando de este modo un alto nivel de precisión. Pero esta imagen no es «legible»: hay que decodificarla o reconstruirla mediante un sistema óptico que corrija las aberraciones de la óptica electrónica y entonces presenta una clara superioridad sobre la imagen óptica simple, porque la imagen que se obtiene es estereoscópica. Dicha estereoscopia se explica por el hecho de que la imagen reconstruida restituye las diferentes fases de las ondas luminosas que inciden en el objeto, fases que varían con el relieve y que se perciben bien en la visión directa.
En sus experimentos, Gabor y sus colaboradores —Allibone, Haine, Dyson, Mulvey e Ivor Williams— trabajaron con objetos macroscópicos con el fin de estudiar mejor los fenómenos ópticos de este tipo de fotografía. Fue así, de manera marginal, como nació la holografía, término acuñado a partir de las palabras griegas holos, «todo» y graphein, «escribir».
El objetivo original no había sido en absoluto hacer una fotografía en relieve, que Leith y Upatnieks presentaron en 1963.
El cine holográfico
Además de obras artísticas legibles, ya sea con láser o con luz fría —de las que los mejores ejemplos se pueden admirar en los museos de holografia de París y Nueva York—, se han intentado realizar ensayos de «cine» holográfico. De momento sólo duran unos treinta segundos y la dificultad esencial reside en el hecho de que las cámaras ópticas y electrónicas tienen que centrarse en un sujeto y el resto del campo queda sometido a fuertes distorsiones ópticas.
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