Hormonas
Primera hormona: Vulpian, 1856; Takamine, 1901
Los mensajeros del cuerpo
El descubrimiento de las secreciones glandulares, en el siglo XIX, revolucionó la fisiología.
Se denomina «hormona» toda sustancia segregada por una glándula que ejerce una acción específica sobre determinados tejidos y funciones. En los años setenta, el concepto de glándula, hasta entonces muy restringido, se amplió a órganos no específicamente glandulares, como el corazón y el cerebro, que segregan sustancias similares a las hormonas conocidas.
Experimentos fructíferos
El término «hormona», derivado del griego hormán, «excitar», fue acuñado por los americanos Starling y Bayliss en 1905, pero ya antes se habían descubierto dos funciones hormonales. Podemos decir que la primera, a pesar de tratarse de una función enzimática, fue la función glucogénica del hígado, que descubrió Claude Bernard en 1851 (véase p. 100). La segunda fue la función de la medulosuprarrenal, descubierta por Vulpian en 1856. En aquella época, para conocer las funciones de las glándulas y de los demás órganos, se procedía a su ablación experimental en animales. Esto es lo que harán el francés BrownSéquard con las glándulas suprarrenales ese mismo año, el alemán Schiff con el tiroides en 1859 y el francés Gley con el paratiroides en 1883 y con muchas otras glándulas en 1891. Estos experimentos son fructíferos porque permiten conocer mejor las funciones de las glándulas, pero no revelan el modo ni, sobre todo, el agente, es decir, la hormona responsable.
La primera hormona
La primera hormona que se descubre es la adrenalina. Basándose en el trabajo de los ingleses SharpeySchafer y Oliver, quienes, en 1894, habían elevado de forma experimental la presión arterial de un animal al inyectarle extracto de glándulas suprarrenales, el japonés Takamine, en 1901, purifica dicho extracto y aisla el principio activo empleado por sus predecesores. Lo denomina epinefrina, primer nombre de la adrenalina.
En 1914, el americano Kendall, que después descubrirá la cortisona (véase p. 64), aisla la tiroxina, extraída del tiroides. Pero su fórmula no la establecerá el inglés Harington hasta 1927 (su síntesis la llevará a cabo Barger al año siguiente). Durante mucho tiempo se creerá que la tiroxina es la única hormona tiroidea; pero a partir de 1952, tras el descubrimiento de la triodotironina (la tiroxina es tetravalente) mucho más activa, que descubren por separado Roche, Gross y PittRivers, se descubrirán otras hormonas tiroideas más o menos activas. Es la conclusión de los estudios del tiroides que lleva a cabo en 1792 el francés Fodéré, a quien interesaban la gota y las disfunciones del tiroides causantes del «cretinismo» (en términos de la época), que retomó el suizo Reverdin, que estudió el mixedema o enfermedad de Reverdin, producto de la falta de tiroides.
Como vemos, los descubrimientos en endocrinología rara vez se realizan a partir de cero; suelen ser precedidos por un cuerpo de investigaciones menos concluyentes que las del que recibe el título de descubridor.
Este hecho se ilustra una vez más con el descubrimiento, que Banting y Best, bajo la dirección de McLean, llevan a cabo en 1923. En 1925, Collip, colaborador poco conocido de ambos investigadores, descubrió la paratohormona de las paratiroides, esencial para la regulación del fósforo y del calcio. Un descubrimiento suele llevar a otro. Así, para hallar la paratohormona, Collip procedió casi de la misma manera que Banting y Best.