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Leyes de la Herencia

Mendel, 1865

Las leyes de la reproducción
Durante casi medio siglo, las leyes que presiden la transmisión de caracteres en los seres vivos pasaron completamente desapercibidas.

Uno de los casos más sorpendentes de ceguera del mundo científico respecto a un descubrimiento de primer orden fue la acogida que se le deparó a las leyes de la herencia. En 1843 entró en el monasterio de Brünn, hoy Brno, un joven nacido en Heizendorf, a la sazón en la Silesia austríaca, que por todo equipaje tenía dos años de filosofía en el Instituto de Filosofía de Olmütz. Ordenado sacerdote en 1847, Gregor Johann Mendel fue al principio un autodidacta científico, hasta que el abad del monasterio agustino lo envió a la Universidad de Viena, donde Mendel estudió física, química, matemáticas, zoología y botánica. A su regreso a Brünn, enseñó ciencias naturales en el instituto técnico del monasterio, a pesar de no haber conseguido su licenciatura. En 1888 fue nombrado abad de Brünn.


Las plantas de guisante
En 1856, Mendel comenzó a trabajar en botánica en los jardines del monasterio, ciencia por la que se había interesado desde la infancia en la granja de su padre. La biblioteca del monasterio era muy rica en obras de agricultura, horticultura y botánica, y Mendel la enriqueció aún más.
Mendel realizó sus experimentos con plantas de guisante, en las que había observado con cuidado ciertos caracteres constantes, como el tamaño, el color o ausencia de color de las flores, la posición de éstas en el tallo, el color y la forma de las semillas... Mendel observó, en principio, que al cruzar una planta enana y una alta no obtenía una mediana, sino una planta dotada con uno de los caracteres de los progenitores, que Mendel fue el primero en llamar dominante. Sin embargo, cuando reproducía dicha planta por autofertilización, los caracteres de los abuelos reaparecían siempre en idéntica proporción: tres cuartos de dominantes y un cuarto de recesivos. Por otra parte, los híbridos de la segunda generación estaban formados siempre por un cuarto de individuos que se asemejaba a la variedad pura original de uno de los abuelos, un cuarto que se asemejaba a la variedad pura del otro abuelo y la mitad restante que se asemejaba a los híbridos de la primera generación. Mendel, por tanto, concluyó: «Está claro que los híbridos producen semillas que poseen uno de los dos caracteres diferentes». De lo que dedujo, demostrando su genialidad, que había unidades de herencia —que se descubrirían más tarde con el nombre de genes— que se hallan emparejadas y que se dividen en los descendientes. A las variedades constantes originales las denominó AA y a las híbridas, Aa. De aquí deriva la primera ley de Mendel, llamada también principio de segregación, por la que cada progenitor transmite la mitad de sus unidades de herencia o genes, que se manifiestan en función de la existencia o ausencia de un gen dominante. Sin embargo, la presencia de caracteres dominantes no es una constante, en cuyo caso, los genes se combinan al azar para formar híbridos que presentan los rasgos de cada progenitor. Con guisantes que presentaban siete caracteres distintos, Mendel hizo un cálculo estadístico de la frecuencia de caracteres que reaparecían en los cruces y, basándose en dicho cálculo, previo su frecuencia en los cruces posteriores.
Leyó los resultados de sus experimentos en dos conferencias que dio en 1865 en la Sociedad de Ciencias Naturales de Brünn, que varios de sus amigos habían fundado en 1862, y los textos se publicaron al año siguiente en el boletín de la Sociedad, en 1866. Este boletín se envió a numerosas sociedades científicas de todo el mundo: los textos de Mendel no suscitaron el más mínimo interés. Murió en 1884 siendo un perfecto desconocido.

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