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Mutaciones provocadas

Müller, 1927

Un fenómeno controlado sólo a medias
La posibilidad de una mutación accidental o provocada en el patrimonio genético plantea más problemas de los que resuelve.

A comienzos del siglo XX, la fascinación que había creado el muy reciente descubrimiento de las leyes genéticas incitó a los biólogos a realizar experimentos de todo tipo. En particular, lo que les intrigaba era la mutación espontánea, que entonces se contemplaba fundamentalmente bajo el prisma del darwinismo. Es cierto que hay mutaciones espontáneas, pero son muy raras y difíciles de observar. Un número determinado de científicos tenía razones para creer, basándose en la experiencia médica —aún muy escasa—, que los rayos X dañaban profundamente los tejidos y, por qué no, los genes. En 1927, el americano Müller quiso hacer la prueba con la mosca drosófila, obteniendo, de modo totalmente imprevisto, una tasa de mutación que podía ser hasta 150 veces mayor que en la descendencia de prueba. Repitió los experimentos, ya que, para asombro general, no todas las mutaciones eran mortales; algunas eran viables y transmisibles, semejantes a las espontáneas. El americano Robertson había demostrado un año antes que Müller (el mérito de éste es el haber sido el primero en provocar mutaciones científicas) que el fenómeno que prevalece en las mutaciones es el de la fusión cromosó
mica. Pero, además, registró duplicaciones, rupturas de cromosomas homólogos que suponían traslocaciones cruzadas, inversiones, supresiones.


Tres factores que provocan mutaciones
A medida que se realizaban experimentos y descubrimientos, se estableció que las mutaciones pueden producirse debido a tres factores principales y uno secundario: las radiaciones ionizantes, las acciones químicas sobre la célula y la introducción de un virus en el ADN celular; el factor secundario, que sólo parece válido en los vertebrados inferiores, es la modificación de la temperatura del huevo.
Desde el punto de vista médico, se sabe que los tres primeros factores son carcinógenos para el individuo adulto y teratógenos y carcinógenos para el feto. En cuanto a su influencia en los caracteres hereditarios, domina la incertidumbre, aunque parece probable que haya una herencia cancerosa. La influencia de los virus en particular sigue abierta a la especulación. El carácter hereditario de las mutaciones provocadas constituye, sin duda alguna, uno de los grandes aspectos oscuros de la biología y la genética.

Dos corrientes de pensamiento
Algunos genetistas consideran en la actualidad que, en los vertebrados superiores y, por tanto en el hombre, las grandes mutaciones son mortales, debido a la especialización del patrimonio genético. Una corriente opuesta sostiene, basándose en hechos comprobados, que se pueden acumular mutaciones consideradas menores y hereditarias, justamente por no ser mortales, que conduzcan a una modificación del genotipo o del fenotipo. Sólo un conocimiento más profundo de los genes humanos permitirá resolver esta discrepancia.

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