Nitrógeno
Rutherford, Priestley, Cavendish, Scheele, 1772; Lavoisier, 1777; Chaptal, 1790.
78 % del volumen del aire
Elemento descubierto casi al mismo tiempo por cuatro grandes investigadores, sólo Lavoisier lo describió deforma adecuada.
Los sabios de finales del siglo XVIII se esfuerzan en proceder al inventario de los elementos naturales del mundo y de los mecanismos fundamentales de la Naturaleza.
El aire, evidentemente, es uno de los primeros elementos en captar su atención, ¿De qué está hecho? En parte de oxígeno, lo cual se sabe desde 1772 gracias al sueco Cari Wilhelm Scheele. Pero ¿de qué más? Muchos investigadores sospechan que además del «gas inflamable», nombre con el que se conoce en aquel entonces el oxígeno, hay otro gas. En ese mismo año de 1772, a un botánico escocés, Daniel Rutherford, se le ocurre la idea de quemar aire en un recipiente cerrado —colocando una vela bajo una campana de vidrio— y comprobar lo que queda, porque queda un gas en el recipiente. Rutherford absorbe el gas con cal y observa que no es adecuado para mantener la combustión de una vela; lo denomina «aire flogistizado», es decir, «quemado», y otros lo denominarán «aire sucio». También en 1772, el párroco y químico inglés Joseph Priestley lleva a cabo un experimento similar y obtiene las mismas conclusiones, al igual que otro químico inglés, Henry Cavendish, y el farmacéutico sueco Carl Wilhelm Scheele, que había descubierto el oxígeno. La mayor parte de los investigadores de la época están llenos de teorías más o menos filosóficas sobre el «flogisto». Consideran que la combustión de un cuerpo representa el paso de un fluido universal del estado compuesto al estado libre y se esfuerzan en explicar todo desde ese punto de vista.
Lavoisier
En 1777, Lavoisier, en una memoria presentada en la Academia de las Ciencias, retoma desde la base el fenómeno de la combustión. Demuestra que ésta no se debe a la liberación de un hipotético «flogisto», sino a la combinación de un cuerpo con oxígeno a una temperatura determinada. Considera el gas descubierto por sus predecesores como un gas independiente, que denomina azote [nitrógeno], a partir de la palabra griega zoom, «vida», precedida de la a privativa, porque, a su entender, este gas no puede mantener la vida. En el siglo XIX se descubrirá que esta explicación es parcialmente errónea, pues numerosas plantas sólo sobreviven fijando el nitrógeno del aire.
Después de Lavoisier, el famoso químico francés Jean Antoine Claude Chaptal, al estudiar el salitre, es decir, el nitrato de potasio, descubre que el nitrógeno es un compuesto del nitro, es decir, precisamente de nitrato de potasio. En 1790 lo denomina nitrógeno, nombre que se halla en el origen de la elección de la letra N como símbolo químico de este elemento.
En cosmología
El análisis espectral de las moléculas presentes en forma de nubes entre las estrellas ha permitido descubrir la existencia de nitrógeno, que es, junto con el hidrógeno, y el carbono, uno de los elementos más abundantes en el espacio. De ahí la idea de que puedan existir en otros lugares además de la Tierra, moléculas vivas organizadas o no, sobre todo en un medio donde el hidrógeno sea abundante y las condiciones químicas y térmicas, propicias.
Un circuito de la vida
El nitrógeno es un componente esencial de toda la materia viva y su ciclo en la Naturaleza constituye uno de los circuitos principales de la vida. Una pequeña parte del nitrógeno que respiramos se disuelve en la sangre y participa directamente en la constitución de las proteínas.
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